sábado, 23 de mayo de 2015

"MAD MAX: FURIA EN LA CARRETERA": El Valhalla de Inmortan George

Al pequeño George Miliotos lo imagino con apenas los años necesarios para que la visión de algo memorable se marque indeleble en sus recuerdos; y quede ahí, de por vida. En esas, le adivino pillastrón, colándose en un cine de los de antes, que también los había en las antípodas australes, por muy salvajes que las imaginemos, claro. Y quedándose embelesado mientras ve por enésima vez una peli yanqui de vaqueros llamada “La Diligencia”.


Ese mismo tipo, ya apellidado Miller, permutado de médico de urgencias en cineasta low cost, pare a finales de los setenta un mito contracultural, indómito, llamado Mad Max, en una cinta puro ozploitation, multireferencial, anárquica, espontanea, imperfecta y hasta ingenua, pero con un nervio visual y un modo acojonante de rodar con tres duros la acción más descerebrada. 


No obstante con ello, ese primer filme no fue más que un precedente. Una credencial que presentar a los que sueltan la pasta para que le dejasen hacer lo que realmente quería, un western clásico, travestido en post-apocalíptico, con claras alusiones a cumbres del género como “Raíces Profundas”; y, por fin, con ese mi presumido recuerdo infantil encarnado en sueño cumplido que es el de remakear la secuencia de la persecución de “La Diligencia”, en los apoteósicos casi veinte minutos que epilogan “El Guerrero de la Carretera”, como se conoció aquí a la secuela de “Mad Max”.

Miller dirigiendo a una impresionante Theron

De igual modo que los Indiana Jones solo son tres, a día de hoy, los Mad Max, son también una santísima trinidad, pues no es digna del pedigrí de la saga la peli con la Turner y los niños perdidos; esa infantiloide y spielberiana, en el peor sentido, “Mas allá de la Cúpula del Trueno”. Un filme truncado, muy seguramente, por la traumática desaparición de Byron Kennedy, el compinche co-creador de las andanzas del loco Max.

Tras esto, estamos ante un tipo al que el 11-S, la mala suerte, el dinero y un largo etcétera de imponderables acaban refugiado en productos ¿infantiles? como “Babe, el cerdito en la ciudad” o “Happy Feet”, originales y estupendísimos, sí, pero meros pasatiempos para quien está obsesionando con poner en pie la digna resurrección de su mito más exudante que nunca de sangre, gasolina y puta locura.


Lo que nos lleva, tras treinta años y quince de farragosa producción a “Mad Max: Fury Road” la que dicen Capilla Sixtina del cine de acción, y digo amén a eso. Fidelísima a sus señas de identidad. Parca en argumentos, lapidaria en frases y desatada en todo lo demás, este setentón rockero metálico demuestra que ni está viejo, ni su cine muerto. Cual John Ford alucinadamente espídico, cambia Monument Valley por los desiertos de Namibia, e icónico en cada plano, fulgurante en cada secuencia, nos regala no veinte minutos, no un tercer acto, sino dos horas de glorioso homenaje, nuevamente, a la “La Diligencia” y su mítica persecución. Dicen que hay directores que ruedan siempre una y otra vez la misma película. Bendito sea eso aquí. 

Un corre que te pillo autorreferencial, sin solución de continuidad, que además nos devuelve al gusto por la acción vívida, física, de verdad, de la que rodaba McTiernan o Renny Harlin en sus buenos tiempos. Esa en la que el CGI solo matiza, disimula y está para no notarse que está. Esa que convierte en loosers a tipos como Michael Bay y demás de su calaña. La que se ve, se sigue, no satura y sabes qué pasa, a quién le pasa y cómo le pasa. Un chute de actioner de alto octanaje que, a los que rendimos culto al V8 Interceptor tuneado, nos catapulta al Valhalla del subgénero que la propia saga creo y ahora, a mayor gloria de Inmortan George, se refunda.


NOTA: 10/10

TÍTULO ORIGINAL: "Mad Max: Fury Road"

viernes, 13 de marzo de 2015

"NEGOCIADOR": Cobeaga, el funambulista

El funanbulista de raza, vive obsesionado con el más difícil todavía. Con hacerlo más alto, más largo, más allá. Es su naturaleza. Puede que a veces, se tenga que contentar con transitar la cuerda floja bajo las lonas de un circo, con la red debajo. Pero lo que le da la vida es arriesgarla, como lo haría Philippe Petit, ese que cruzó el cielo neoyorkino que separaba las torres gemelas, sin trampa ni cartón, jugándose el pellejazo. Y así, salir al mundo, encaramarse a un lugar cuanto más alto mejor y andar sobre el aire, con la sola ayuda de una pértiga y el valor, ese que admira a los que desde abajo le observan, pero que para él es innato y hasta por ello, carente de la trascendencia que los demás le dan.


Cobeaga es un funambulista. De los que no se conciben con los pies en el suelo. Y su última película “Negociador”, en la que obra de guionista, productor y director, lo demuestra. Y no porque se encarame a lo alto de un episodio polémico del denominado conflicto vasco, ya lo ha hecho más veces y muy inteligentemente, por ejemplo, en “Vaya semanita” de la EITB.; sino porque el paseo por las nubes que se nos pega es muy alto, muy largo, el más difícil todavía (de momento).

Un momento del rodaje con Cobeaga, De La Rosa, Barea y Areces

Le supongo al coguionista de “Ocho apellidos vascos” con el come-come constante de probarse. Ideando, mientras escribe encargos alimenticios, lugares ignotos que explorar, insisto, más que por temática, por modos de contar. Le presumo, como J. K. Simmons en “Whiplash”, fantaseando con un tempo perfecto, distinto, diferente, más allá. Con un tono inhabitual pero sorpresivamente ideal para hacer la más peculiar comedia.

Y es que “Negociador” y sus proverbiales (y muy idóneos) 79 minutos, desarma, descoloca, provoca, destensa, cotidianiza, engancha, saca la risa floja, nerviosa, el gesto cómplice, triste, esperanzador. Destila libertad creativa, de rodaje, de pensamiento. Y una sencillez que no es nada simple; una naturalidad que pese a ser fabulada resulta auténtica. 

Una negociación muy peculiar

Cobeaga esta vez ha caminado de lado a lado de una cuerda flojísima, con el descaro y la maestría de quien, a partir de aquí, puede contar lo que quiera y como quiera.

PD.- Ah, por cierto, Caros Areces es Dios. Y, si se lo propusiera, podría hacer de la Madre Teresa de Calcuta y ganaría el Goya y el Cielo, sin ni siquiera tener que morirse.


NOTA: 9/10

sábado, 7 de marzo de 2015

"SELMA": Panfletaria, efectista, anticinematográfica...


Probablemente, “Selma” sea la cinta más panfletaria, efectista y anticinematográfica que he visto en años. Y me quedo tan ancho al decirlo, por muy políticamente incorrecto que pueda parecer este comentario, dado que el filme se ha erigido en la bandera con el que el black power hollywoodiense pretende sacudir este años las conciencias y reivindicar un pasado y presente de discriminación. 


Y es que, me vais a permitir que pase con olimpismo de connotaciones fuera de la pantalla que, francamente, como diría Rhett Butler, me importan un bledo. Porque, al fin y al cabo, lo que debe juzgar una película, no es otra cosa que su valía per se. Y, desde ese punto de vista, “Selma” es todo aquello que jamás quiero ver en un cine. 


Cuando tienes un argumento real tan potente, sensible y, diablos, mítico como el que cuenta la cinta de Ava DuVernay, la historia se cuenta por si misma. La película que de ello hagas no necesitas enfatizar cada imagen con una fotografía publicitaria, caer en la cámara lenta, subir la música sensiblera hasta el abuso, ni pretender en cada plano crear un icono. No estás haciendo Historia, nena, estás contando Historia. Y lo haces, además, sobre un tema como el racismo en la América profunda sobre el que se habrán podido llevar a cabo mil y una aproximaciones. Y sobre un personaje, Martin Luther King, sobre el que se ha dicho ya todo lo que cualquiera se sabe de carrerilla.

Ava DuVernay dirige a David Oyelowo

Con todo ello, lo que consigue “Selma” es retraer al espectador al que cansa tanta pose, tanta impostura antinatural, poco empatizable, en un tiempo que vivimos que, en lo audiovisual, es, pese a quien pese, hiperrealista.

Una lástima que, con el pretexto de llegar al gran público, de tratar de hacer carrera de premios, la opción que se tome pase por tratar infantilmente al espectador, con una burda manipulación demagógica, tópica y simplista a mas no poder. Pitt, Ophra y compañía se han gustado demasiado, olvidando muy pronto que se puede hacer cine militante a la par que de enorme calidad, como demostraron el año pasado auspiciando un peliculón, de poso muy similar, como fue la seca, brutal y maestra “Doce años de esclavitud”.


NOTA: 2/10

sábado, 21 de febrero de 2015

"EL FRANCOTIRADOR (American Sniper)": El perro pastor

“El francotirador” es una americanada, un panfleto proalistamiento para las huestes guerreras del tío Sam. Y la apología de un modo cobarde de luchar. Y, claro, una loa filofascista, justificadora de los desmanes imperialistas de los yanquis… Amigos, quien diga esto, o bien no ha visto la película, o está consumido, enfermizamente, por los prejuicios.


Y es que Eastwood, pese a enfrentarse a poner en imágenes la autobiografía del más letal francotirador de la reciente (y controvertida) Historia bélica de los EEUU, acomete esta tarea, eludiendo caer en el más obvio patrioterismo, e incluso en el más entendible patriotismo, y va directo a lo que realmente le interesa, contar la historia de un soldado y como la guerra le deja una huella difícil de borrar.

El filme, de hecho, no es un romance del héroe en el que se vitorean sus mortales records, cual si de un gladiador en circo romano se tratase. Todo lo contrario. El autor de “Cartas desde Iwo Jima” se cuida muy mucho, de cuestionar, continuamente, la ratio de la guerra, dando respuesta a ello, siempre, con la metafórica parábola del perro pastor, con la que casi principia el filme, definiendo prodigiosamente que tipo de personaje protagonizará la cinta.

Bradley Cooper, Clint Eastwood y el auténtico francotirador, Chris Kyle

La violencia como respuesta defensiva para evitar que el lobo te devore, y ello, pese a que esa violencia sea un fuego que quema, consume y, finalmente, aniquila. De esto va “El francotirador” y no de geopolítica o geoeconomía. De eso y de devolver la dignidad y la humanidad a quienes luchan por otros, incluso por los que creen que los lobos no existen.

Sentado esto, “American Sniper” es además una lección de cine. La que imparte un abuelo de ochenta y cuatro años que no tiene nada mejor que hacer que irse a Marruecos a rodar un filme bélico, con todos sus consustanciales elementos. Y digo una lección de cine porque la trinidad formada por el oscarizable guión de Jason Hall y la economía narrativa que Eastwood apoya en un montaje soberbio, dan como resultado su mejor película en años. Y es que nada hay superfluo. El arranque es un tiro que va certero al conflicto. Las escenas bélicas, las precisas para conformar la evolución psicológica y vital del protagonista, ajustadísimamente encarnado por Bradley Cooper. Y tiene instantes vibrantes, emotivos, terribles… Gracias maestro por otro peliculón, aunque no todos sepan o, mejor, no quieran verlo.


NOTA: 9/10

TÍTULO ORIGINAL: American Sniper




     

domingo, 1 de febrero de 2015

"NIGHTCRAWLER": Dream is Over

Un mundo que se alimenta del aprendizaje online de las reglas del mercantilismo y de la voladura de cualquier frontera que impida la deshumanización, excreta diarreicamente tipos como Lou Bloom. El american way of life ya no es un anuncio de Marlboro. Ni el sueño americano se resume en las palabras iniciales que en "El Padrino" monologa el funerario Bonasera. Dream is Over. La ahora pesadilla yanqui se emparenta más con la peripecia codiciosa de los paletos anabolizados de “Dolor y Dinero”; o, yendo al meollo, con la sanguijuela repugnante que encarna un aterrador Jake Gyllenhaal, en este “Nightcrawler”, primo, en sociopatía, del Travis Bickle de “Taxi Driver”
“Luna Nueva”, “El gran Carnaval” o “Network” son clásicos Disney risibles, irónicamente cómicos, superados por el hoy que, con incomodante veracidad, vivisecciona la opera prima de Dan Gilroy, que desnuda, sin concesiones, la voracidad rivalista y cainita de una sociedad que, como suerte de nuevo Saturno post Lehman Brothers, devora a sus hijos con fruición en cualquier restaurante fastfood.

                                                           Bloom al filo de la noticia


Y es que, “Nightcrawler” no solo tira con bala de punta hueca (y obviedad) al periodismo de tinta roja, del que apostataría cualquiera de los santurrones de la redacción de "The Newsroom"; sino que ecografía con vividez el fracaso (nunca oficialmente reconocido) del capitalismo sin domesticar, como supremo mandamiento laico de un país que lo lleva en su ADN, atávicamente.



Gilroy y Ghyllenhaal, guión en mano

No obstante todo ello (y su vocación indie) no hablo de un filme de arte y ensayo. La película encima tiene la bendita chulería de emascararse como thriller de los soberbios, emparentado en lo estético y conceptual con Michael Mann, el Wind Refn de “Drive”, o el Walter Hill de “Driver”, en el que se quema rueda en una urbe nocturna de neón y asfalto, de viento en las palmeras, de sonido de escáneres policiales, de amaneceres que nunca traen las alas con las que escapar de una ciudad en la que ya no quedan ángeles, pese a su nombre.


NOTA: 9/10

TÍTULO ORIGINAL: Nightcrawler

domingo, 18 de enero de 2015

"CORAZONES DE ACERO": Los perros de la guerra

Me gustan las películas de aventuras de Howard Hawks. Esas en las que un grupo de profesionales afrontan el riesgo aferrándose a la camaradería y a los vínculos forjados por los golpes que les propina su modo de vida. También las de los dos Sam, Fuller y Peckinpah, herederas de éstas, pero más desmitificadoras y descreídas, amargas, envilecidas. A David Ayer le presumo de mi cuerda, pues su último trabajo nos devuelve a ese cine, en un género, el bélico, que, desde “Salvar al soldado Ryan”, no me había vuelto a llamar la atención.

Y es que “Corazones de acero” es la historia de un tanque, el Fury, y de los tíos que lo han convertido en mítico. Esos que, como se dice en la película, comenzaron matando nazis en África y ahora lo hacen en Alemania. En el tránsito, la guerra les ha curtido, adaptado a la supervivencia y degradado en lo humano, de un modo irreversible. Y el blindado es su hogar, su patria, y ese su mejor trabajo.

Los chicos del Fury

Con estos presupuestos, la película iba de camino a ser, además del mejor filme de su director y guionista, un clásico instantáneo, pero Hollywood tiene sus inconvenientes y la entrada en danza de una estrella como Brad Pitt, con más presencia que carisma, que además de cabeza de cartel, ejerce como productor ejecutivo, a punto ha estado de pifiarla. Así, las enmiendas de guión a su mayor gloria y protagonismo, privan en muchos momentos de la coherencia que necesitaba el filme (sobre todo en sus postrimerías), además de obsequiarnos con instantes irrisorios, como la escena del afeitado, más propia de una teleserie ibérica protagonizada por Mario Casas. De lo del club de la lucha en medio del rodaje, no hablaremos.

Momento descamisado

No obstante con todo, “Corazones de acero” resiste, como el Fury, y es poderosa, dantesca su descripción del infierno de la guerra en sus últimos estertores, y está filmada y montada con garra en lo tocante a escenas de acción, resueltas con un vigor y tensión envidiables. Agradezco además la decisión de describir la crueldad sin concesiones, como crimen impune de ambos bandos. Los actores, por último, están ajustadísimos, pese que, en ocasiones transitan por lugares comunes, particularmente Shia LaBeouf y Logan Lerman, de los que ojalá el marido de Angelina haya tomado buenos apuntes.

by @magnumcallahan

NOTA:8/10

TÍTULO ORIGINAL: Fury

TRAILER
WEB OFICIAL
DATOS ADICIONALES



domingo, 11 de enero de 2015

"BIRDMAN": De hombre murciélago a hombre pájaro

A Hollywood le pirran los “comebacks”. Esos regresos de Lázaros a lo Travolta, redimidos del mortecino olvido del estreno directo a DVD, que devuelven el relumbrón perdido, añorado. Aquí además el juego que confunde realidad y ficción es redondo, pues hablamos de Michael Keaton, que bien conociera las mieles millonarias de ser una mega-star encarnando los Batman que facturase Tim Burton, años ha. En la era pre Nolan, que la hubo. Y por eso este tipo, salvo sorpresa a lo Mickey Rourke en “El Luchador”, se llevará a casa al tío oscar y le estará agradecido de por vida a Gonzalez Iñarritu al pasar a la Historia por ser el hombre pájaro y no sólo el hombre murciélago.

Y todo por hacer la “o” con un canuto. O mejor, pese a sus (muchas) limitaciones, esas de que ha adolecido siempre, por hacer su trabajo correctamente, el de ser actor y llevar con profesionalidad el peso de una película en la que es protagonista. Porque, no nos engañemos. Si hay algo que en la meca de los sueños gusta igual o más que un buen “comeback” es ver como un reloj estropeado es capaz de dar la hora dos veces al día. Ya sabéis, como hizo Stallone en “Copland”; o Jim Carrey en “El Show de Truman”; o Nicholas Cage en “Leaving Las Vegas”… 


Keaton y Birdman

Pero no confundamos churras con merinas. Incluso compañeros de función (ej. niñatas como Emma Stone) se lo comen por los pies en según que escenas. Aunque la propensión a lo histriónico y desfasado del papel, dan patente de corso y enmascaran incapacidades de emocionar, como debieran, en según que otros momentos. 

González Iñárritu y Birdman

Por lo demás, “Birdman” es un entretenimiento ingenioso, pretexto para hacer virguerías narrativo-estéticas con un falso único plano secuencia en el que el espectador se distrae buscando los cortes (unos más obvios que otros) y los efectos que los disimulan. El resto es meta cine y meta teatro, en esta cinta que transita entre “Noche de estreno” de Cassavetes y “¡Qué ruina de función!” de Bogdanovich; con toques conceptuales de “Sueños de un seductor” de Ross/Allen; y en la que hay lugar para chascarrillos con fecha de caducidad, lugares comunes, turismo por la tramoya del Broadway neoyorquino, vendettas contra la vil y siempre canalla crítica, las miserias y glorias de la farándula, y la desigual y azorada lucha entre el bien y el mal, entre el inmaculado arte y el ponzoñoso showbussines. 
Espero que al final no me haya quedado una crítica muy a lo Tabitha Dickinson


NOTA: 7/10

TÍTULO ORIGINAL: Birdman

viernes, 5 de diciembre de 2014

"MAGIA A LA LUZ DE LA LUNA": Unas vacaciones en la Provenza

“Magia a la luz de la luna” es frívola, superficial. Tanto que, a medida que se ve, ya se va olvidando. Tiene las señas clásicas de su autor, sí. La muerte, el más allá, lo racional, el corazón, enamorarte de quien no debieras... Pero todo ello, deliberadamente simplificado, suavizado hasta la simpleza más carente de intríngulis. De suerte que solo lo estupendos que están Emma Stone y Colin Firth mantienen el interés en el visionado. Bueno, eso y la suprema elegancia con la que está rodada; y la exquisitez del diseño de producción, y de su fotografía, y de su selección musical, y de todos los elementos técnicos, en suma, que convierten al espectador en un ricachón provenzal más, testigo de pasatiempos paranormales y amatorios. 

Allen dirige a Stone y Firth

El filme, su historia y la manera de narrarla se contaminan así de la existencia banal, insulsa y pueril de sus protagonistas, para no contar casi nada. No hay apenas chispa ni ingenio, salvo el que destilan los tópicos juegos florales de una pareja antagónica a priori, condenada a serlo sí o sí. Pero es que “Magia a la luz de la luna” es solo un cuentecito. Ese que ideó Allen para poder echarse, mientras la rodaba, unas vacaciones de postal en la, siempre idealizada por cualquier yanqui, Provenza gabacha.

by @magnumcallahan

NOTA: 6/10
TÍTULO ORIGINAL: Magic in the Moonlight 


sábado, 8 de noviembre de 2014

"INTERSTELLAR": Tan engreída como su hype

“Interstellar” sirve para varias cosas. La primera, para (re)confirmar que no hay un cineasta más engreído en el Hollywood actual que Christopher Nolan. Todo en su última realización es pretenciosidad (sí, aún más que de costumbre, más que “Origen”, sí); como lo es también ánimo de aportar, graciosamente, su contribución a la Historia del Cine, esa que se escribe con letras grandes y doradas; resultando en su afán de trascender imposible no señalar sus indisimulables intentos de alcanzar futilmente lo que en su día fueron “2001” de Kubrick o “Solaris” de Tarkovsky. 


La segunda cosa que muestra “Interstellar” es que nos queda muuucho que soportar de ese Matthew McConaughey no menos henchido de gozo de conocerse a sí mismo, que recuerda al espectador, plano a plano, lo que mola su nuevo yo interpretativo, ese que gana oscars y al que le roban Emmys. 

También “Interstellar” es muy adecuada para preguntarse como ese actor sorpresa que aparece a medio metraje puede estar tan fallido; lo desaprovechadita que está Jessica Chastain; y ya puestos porque, la Hathaway no salva la función con un par de gorgoritos a lo “I dreamed a dream”, entre tanta conversación poético-filosófica definitivamente imposible entre seres humanos, por muy científicos culturetas que sean. 

Nolan dirigiendo a Chastain

Por otro lado, “Interstellar” demuestra a las claras que Nolan tiene el mismo talento para emocionar al respetable como James Cameron lo tuvo con “Titanic”. Y mira que era fácil, muy fácil. Ah… ¿que os emocionó “Titanic”…? Pues entonces seréis felices.
Como de paradojas, malas explicaciones, giros What The Fuck que precipitan el filme al vacío e incoheretes epílogos no puedo hablar porque haría spoilers (aunque bien que me gustaría), concluyo refiriendo que para lo último que serviría “Interstellar” es para evidenciar que esta misma historia, con muchos de sus elementos en común, la conto con más honestidad el nunca bien valorado Robert Zemeckis en “Contact”. Y en muchos menos minutos. Y con una deliciosa música de Alan Silvestri, y no el habitual estruendo engolado de Zimmer. 
Hala, ya podéis empezar a lapidarme los que tenéis el seso sorbido por el hype.


NOTA:4/10
TÍTULO ORIGINAL: "Interstellar"

sábado, 1 de noviembre de 2014

"CAMINANDO ENTRE LAS TUMBAS": Una pequeña perla del noir detectivesco

“Caminando entre las tumbas” es una pequeña perla del género, en serio peligro de pasar desapercibida. La culpa dicen la tiene adolecer de un argumento que obre malabarismos narrativos. Tampoco posee giros de pasmar a la platea. Pero, quien sepa trascender a esos nimios inconvenientes, descubrirá que todo lo demás en ella está milimétricamente orquestado para hacer las delicias de cualquier amante del noir detectivesco, que se precie de serlo. 


La caligrafía psicológica del personaje protagónico es tan portentosa como clásica. Descansa sobre las particulares hechuras un Liam Neeson formidable. Y su arco evolutivo está certeramente descrito, desde el expeditivo arranque de la cinta, puro western, hasta el plano final que contempla el rostro del (anti)héroe, ajado por lo vivido: lo de ahora, lo de antes y lo de siempre. 

                       La fotografía es excepcional, ejemplo de aprovechamiento de la profundidad de campo

Pero no solo la talla (en todos los sentidos) de Neeson inunda la pantalla. También lo hace un exquisito empleo de la fotografía, brillante en sus insondables oscuridades; milimétrica, en la composición de planos; multidimensional, en los usos de la profundidad de campo.

Y encima, deambulan por el metraje tipos tan siempre inquietantes como Ólafur Darri Ólafsson. Y otros, tan insólitamente, turbadores como el televisivo David Harbour, perfectísimo aquí. Ni siquiera me molesta, como debería, el crío que hace las veces de escudero iniciático del protagonista.

Otro plano de composición impecable

Dios bendiga a quienes aún pagan porque gente como Scott Frank (del que ya me gustó “The Lookout”, además de muchos de sus guiones para filmes muy conocidos) escriban y dirijan trabajos como éste. Por cierto, en esas lides, algún día alguien debería reconocer la labor como productor de Danny DeVito. 

Si pese a lo dicho, no terminé de expresarme lo lacónico que cualquier epitafio exige, os diré, en resumidas cuentas, que “Caminando entre las tumbas” es una de esas pelis que Clint Eastwood bien podría haber protagonizado y dirigido hace unos años. Con eso quizás debí empezar y hubiera bastando.


NOTA: 7/10

TÍTULO ORIGINAL: "A Walk Among The Tombstones"

sábado, 18 de octubre de 2014

"RELATOS SALVAJES": Szifron, el pescador


Me cuentan los que pescan que la clave para capturar al animal es dar y tirar de sedal, anticipando sus movimientos, con firmeza pero delicado, convenciéndole a la postre de que se entregue. Qué es estéril resistirse. Que haga lo que haga, terminará en la buchaca. 

Sí, sí, parece fácil, me aclaran, pero en el toma y daca, es muy posible que el bicho gane la partida, la tanza tense demasiado y se rompa, siendo ya imposible recuperar al pez que se irá libre, lejos, muy lejos, de donde no volverá, pues sabe bien lo que hay.

Damián Szifron es un consumado pescador. De esos que podría dar mil y un consejos como los que apuntaba. Y todos impagables. Curtido en televisión (“Los Simuladores”, “Hermanos y Detectives”) donde el share te puede convertir, de un día para otro, en picadillo para surimi, sabe cómo hacer que el espectador muerda el anzuelo y ya no lo suelte jamás.

Damián Szifron, de pesca

“Relatos Salvajes” es paradigmática de cuanto digo. En ella las historias se tensan dramáticamente y se destensan con comicidad, para al final, de con un certero golpe dejarte como pez fuera del agua, desarmado y presa de quién te ha sabido guiar a donde no esperabas. 

Entre los valiosos aparejos del autor de “Tiempo de valientes”, encontraremos un manejo de las herramientas audiovisuales pasmoso, en el que aspectos como la fotografía, el montaje o los insertos musicales actúan en apoyo envidiable de unas historias que embaucan y prenden así definitivamente. 

El de la boda, el mejor de los relatos

Si tuviese que quedarme con uno de los relatos salvajes, ejemplificante de todo lo que comento, lo haría, sin dudarlo, con el último. Una mascletá de recursos narrativos que tensa hasta límites insospechados una historia que camina siempre al filo del abismo, y que bien podría romperse en cualquier instante, malográndose por ridícula con el consiguiente cabreo del personal, pero que su director (y guionista, y montador, y…) sabe coronar del único modo posible, después de habernos hecho vivenciar una montaña rusa de sensaciones. 

Visto lo cual, no me resisto, ningún inconveniente en seguir picándole, señor Szifron, me tiene usted en su red.


NOTA: 8/10

TÍTULO ORIGINAL: "Relatos Salvajes"

sábado, 11 de octubre de 2014

"PERDIDA": El asombroso David Fincher

Las preguntas que el personaje de Ben Affleck se hace en la escena que arranca y concluye “Perdida”, bien podría contestárselas Danny De Vito, recomendándole que viese el supremo plano final de su película “La Guerra de los Rose”, ese en el que la Turner y Michael Douglas terminan sepultados por la lámpara de araña después de repartirse estopa hasta el ultimísimo instante de aquel lisérgico filme.

Y es que no son pocas las concomitancias que comparten ambas películas. La primera, que desde hace los veinticinco años que separan ambos estrenos, no había visto una disección tan vitriólica y mala babera de la desintegración de un matrimonio. O de cómo el amor puede mutar en odio y éste llegar a todos sus psicóticos extremos. 




Por primera vez esa sonrisa de Affleck es exigencia de guión


También las dos cintas jugaban a ser caramelos envenenados, y bajo las pieles, a ratos del drama, la comedia y, claro, el thriller, el lobo se ocultaba en hechuras del cordero, pareciendo lo que no era; cuando en el fondo más oscuro, retorcido e insano, ambas disparaban a matar, aviesas, a todo atisbo de poesía y romanticismo, interesadas en demostrar que la vida idílica en pareja es tan antinatural como imposible, dadas las naturalezas intrínsecas de los hombres y las mujeres. 
No obstante, ahí podrían concluir las similitudes, pues, en su propuesta fílmica, las dos producciones discurren por derroteros muy diferentes. Obviamente, Fincher es un cineasta con personalidad propia. Probablemente, uno de los pocos autores del mainstream que sabe preservar sus esencias e imponerlas a quién sea, de modo que incluso sus proyectos menos afortunados, son piezas coherentes con el resto y con el propio discurso que el total de su obra está conformando casi desde el comienzo. 

Fincher dirigiendo

Así, en “Perdida” está el salto al vacío de “Alien 3”, el efectismo de “Seven”, el desasosiego de “The Game”, la audacia de “El club de la lucha”, los convencionalismos de “La habitación del pánico” o “Millenium”, la presuntuosidad de “Zodiac” y "El extraño caso de Benjamin Button", y la maestría de “La red social”
Pero sobre todo, lo que “Perdida” supone es la consagración de este tipo como gran contador de historias retadoras, que es a la postre por lo que debe medirse a un cineasta. Resulta extraordinariamente complicado enfrentarse a un relato como el que propone este filme, con sus idas y venidas, golpes de efecto, cargas de profundidad y afanes por no dejar puntada sin hilo, de modo que te lo zampes sin pestañear una sola vez en sus 149 minutos. En el envite, lógicamente, ha jugado un rol definitivo la filigrana guionística que Gillian Flynn ha realizado con su propia novela. Pero el asunto hay que ponerlo en pantalla, en las fisicidades de un casting protagónico no especialmente cualificado a priori. Y construir además un entretenimiento sin fisuras, destinado a ser evento cinematográfico y comidilla de tertulias cinéfilas. 

Rosamunde Pike, la asombrosa Amy

J. A. Bayona decía en un tuit que Fincher era el heredero del cine setentero de Lumet, Pollack y Pakula. No puedo estar más de acuerdo. Contadores de historias complejas, poliédricas, incómodas, con morales que se pasean por filos cortantes, ahondadores de las naturalezas humanas, autores de pulso firme y paridores, en fin, de productos con poso, adultos, de los que ya no quedan en este mundo cada vez más políticamente correcto, conquistado por la mojigatería made in Walt Disney.


NOTA: 9/10

TÍTULO ORIGINAL: Gone Girl

domingo, 7 de septiembre de 2014

"JERSEY BOYS": ¿El musical de Clint Eastwood?

“Oh, Eastwood no se achanta ante nada, ni con los años. Ahora le hinca el diente al musical…” Llevo escuchándolo días, en cada reportaje de lo último del maestro. Exasperante...


Habría que comenzar por aclarar que “Jersey Boys” no es un musical, sino un biopic con música, canciones para ser exactos. Porque eso de que de repente los diálogos hablados pasen a cantarse, acompañados de coreografías imposibles por irreales, solo ocurre, aisladamente y en cierto modo, en el epílogo de la cinta, único instante realmente deudor de la obra de Broadway en la que toma base.



Segunda aclaración, en estos terrenos de peli biográfica con elemento musical, no es debutante el bueno de Clint. ¿A alguien le suenan títulos como “Bird” o, en buena manera, “El aventurero de medianoche”? No obstante, tercera puntualización, que nadie espere una cinta a la altura de estas últimas. Entre otras cosas, porque esta hagiografía presuntamente escandalosa (por lo del trasunto mafioso) de los Four Seasons está afeitada, limadas sus aristas y eliminada toda asidera que permita pasear por lados oscuros, ya que la peli la pagan, en parte, algunos de los componentes del mítico grupo. 

Eastwood con alguno de los Jersey Boys en la ficción

De otro lado, Eastwood no se ha metido en camisa de once varas porque le importa un pimiento la música pop y rock, por mucho que ahora confiese ser fan de la formación vocal sesentera. Lo suyo es el jazz, solo el jazz (ver ese esbozo de pianito, no acreditado, marca de la casa, que se cuela en algunas secuencias). Como también le da lo mismo, que igual le da, el microuniverso italogansteril. Que nadie imagine una Scorsesada, ni en fondo, ni en forma.

Entiendo que si con 84 castañas aún hay quien te pague y te asegure una peli. Si has decidido morirte clavado en la silla de director. Y si encima te buscan y prefieren antes que a elementos de moda del tipo de Jon Fraveau. Lo debes tener claro, ruedas lo que haga falta. Aunque sea un encargo blandito, de los de hacer con piloto automático. Desde ese punto de vista, nada que objetar, salvo que siempre molesta ver a un pura sangre tirando de un carro.

Clint Eastwood con el auténtico Frankie Valli

No obstante, eso sí, claro, faltaría más, el filme está manufacturado con suma elegancia, sentido del espectáculo y tempo narrativo. Se ve la mano de su realizador en encuadres, planificaciones y, en general, en el look cuidadísimo de una película por encima de la media de las siempre previsibles de su género (aunque ésta también lo sea y mucho). Le falla, como antes decía, su guión que nunca tira a dar, ni llega a plantear conflictos de interés. Además, como ya ocurriese en “Banderas de nuestros padres” el casting es inane por flojo, sin empaque ni carisma (a excepción de su eminencia Christopher Walken). Ello, muy probablemente, a consecuencia de las servidumbres canoras.

Vale pues este caramelito para entretener sin más la espera previa al estreno de “American Sniper”, la buena que sigue a esta presuntamente mala, en el una sí, una no que parece marcar el último patrón de la filmografía de Eastwood. En tanto llega, aguardo sonriendo recordando el peculiar cameo del maestro en la película, probablemente lo más ingenioso y socarrón de todo el filme.


NOTA: 6/10

ESCUCHA ESTA CRÍTICA EN PODCAST CON EXTRAS: http://www.ivoox.com/jersey-boys-el-musical-clint-eastwood-audios-mp3_rf_3471707_1.html

TÍTULO ORIGINAL: Jersey Boys

miércoles, 6 de agosto de 2014

"FARGO (serie TV)": Deconstruyendo a los Coen

Revisitar los particulares universos de creadores únicos suele ser deporte de riesgo. Que se lo pregunten a Gus Van Sant, cuando se encaprichó en fusilar plano a plano al maestro Hitchcock y su "Psicosis". Aún le canean sin piedad y con justificada inquina en los mentideros críticos. Y, ojo, de aquella herejía van a cumplirse casi veinte años. 


Por eso, cada vez que el término remake se menta, es para el cinéfilo como la bicha. El What The Fuck está cantado y la escopeta cargada, rebosante de mala baba, presta a descerrajarse sobre quién ose perturbar la memoria de cualquier peliculón.



Así, cuando al bulo tuitero que generó incredulidad, siguió la confirmación por parte de FX de que "Fargo", el "Fargo" de los Coen, ese "Fargo", iba a convertirse en serie, nadie dio dos duros porque de aquella infeliz idea saliese algo medianamente comestible. Lo más bonito que se dijo fue lo de siempre en estos casos: que era innecesario.


Freeman y Thorton en "el momento" de la serie


¿Innecesario? ¿De verdad? Pero que prejuiciados podemos ser. Por fortuna, en ocasiones, la excepción confirma la regla y, mira por donde, ha resultado que la serie no sólo se ha convertido en un necesario, o mejor aún, imprescindible apéndice expansivo de la película, sino que ha superado a ésta en muchos aspectos. Antes de que me mandéis a Lorne Malvo a aplicarme un correctivo (que inmenso Billy Bob Thorton), os lo razono.

Evidentemente, una película no es una serie. Estamos de acuerdo. Noventa minutos no son quinientos. La economía narrativa es tirana con la primera. En la segunda, puedes regodearte en contar pelos y señales de todo lo que en el filme solo se esbozaba. Vale. Tocino, velocidad, churras, merinas, ser injusto al comparar, odiosamente. Sí, lo que queráis. Pero la experiencia, como espectador, es al fin y al cabo lo que cuenta. Y, en esos terrenos, la serie, como cantaría Silvio Rodriguez, no es perfecta más se acerca a lo que yo simplemente soñé.

Si preguntamos a Ferrán Adriá en que consiste deconstruir, te contestará con su atropellada dialéctica pero muy clarito que deconstruir es aislar los diversos ingredientes de un plato, y reconstruirlo de manera diferente, de tal modo que el aspecto sea distinto, mientras que el sabor permanece inalterado. Pues bien amigos, eso es Fargo, la serie, una fenomenal deconstrucción de la sui genéris obra que los Coen parieron en 1996.

Joel Coen y Frances McDormand en el rodaje de la película

Y es que la serie recoge todo ese imaginario esperpéntico, teñido estúpidamente de sangre y basado en hechos hipotéticamente reales, aisla sus esencias, potencia sus sabores, y los presenta emplatados con una propuesta audiovisual que va más allá del origen fílmico. 

Porque la cámara aquí se mueve mejor, con alambicadas secuencias, encadenados y composiciones de plano de pura filigrana. La música de Jeff Russo, además de homenajear con obviedad la de Carter Burwell, empasta y funciona en sincronía suiza con lo que ocurre en pantalla, dotando a la imagen de un poder insoslayable y maridando con ejemplaridad las labores de montaje. Buena prueba de lo más allá que audiovisualmente va la serie, son los prólogos de los capítulos y lo que en ellos se cuenta. Aperitivos pura delicatesen que abren el apetito voraz hasta del espectador más receloso a la revisión de sus tótems cinéfilos.

El gran crossover de la película y la serie

Llegados a este punto, conviene aclarar que argumentalmente, las dos propuestas divergen. Estamos en medio de la nada, nieve por todas partes, hay poli embarazada, jerseys horteras de cuello vuelto, está leñador gigante, el buey azul y, claro, efectos mariposa y azares que se vuelven bromas macabras; y violencia fortuita, atávica, descontrolada, en atónita espiral. Pero las historias son distintas, pobladas por personajes que son derivaciones, tributos o síntesis de la peculiar fauna que descubría la película. Ello propone además un curioso juego de quién es quién, o de qué es qué. De descubrimiento de crossovers y huevos de pascua, escondidos por doquier para guiñar el ojo, no solo a la cinta primigenia, sino al universo Coen, pues de hecho, no solo de “Fargo” vive la serie, sino que también los hace de “Sangre Fácil”, “El Hombre que nunca estuvo allí”, “No es país para viejos” o “Un tipo serio”.

¿Y si tú estás en lo cierto y los demás están equivocados?

Una serie que desata algo que solo esbozaba la película: el humor negrísimo, cruel, insano que apela a unos instintos tan bajos como los que se desnudan de un protagonista muy Walter White, por cierto, ahogado y pisoteado por un micromundo poblado por gente imbécil, prosaica, inaguantable, jode vidas, que merecen saber que tú estás en lo cierto y los demás equivocados.

Probablemente, la mejor película de Tim Burton no la dirigió él. Me refiero a “Pesadilla antes de Navidad”. Henry Selick consiguió en aquella lo que el showrunner y, acertadamente, único guionista, Noah Hawley, ha logrado en ésta. Tamizar el aluvión creativo de un genio, dos aquí, y sintetizarlo en lo que realmente merece ser contado, de la manera que merece ser contada, creando una obra inobjetable, sin excesos ni caprichos, perfecta en su concepción y desarrollo. Certerísima, como experiencia más allá de un filme que, a la postre, resulta que pedía a gritos más, mucho más.

Allison Tolman (ojo al escudo...)

Y es que, que menos podía esperarse de una serie en la que sus polis llevan, en el escudo, nada menos que al toro de Osborne.

By @magnumcallahan

NOTA: 9/10

ESCUCHA ESTA CRÍTICA EN PODCAST CON EXTRAS: https://dl.dropboxusercontent.com/u/224337446/FargoCriticaLasCriticasdeHarryCallahan.mp3
TÍTULO ORIGINAL: Fargo
TRAILER: http://www.sensacine.com/series/serie-11042/video-19538108/
WEB OFICIALhttp://vod.fxnetworks.com/watch/f7757753-c450-42f9-b0f9-9a617628fcfa
DATOS ADICIONALES: http://www.imdb.com/title/tt2802850/

martes, 5 de agosto de 2014

"EL PROTECTOR (Homefront)": Una del Oeste

Probablemente, Stallone sea el tipo más honesto y consecuente de cuantos pululan por esa cueva de ladrones que es Hollywood. De él se espera lo que da y no defrauda. Su carrera está construida a la sombra del héroe clásico, primo del John Wayne feo, fuerte y formal. Ese que, además, se emplea expeditivo cuando no queda otra salida, pero que en el fondo solo quiere ser un hombre tranquilo. Siempre me fascinó este discurso reivindicativo de la violencia como última ratio. Ese que muchos tachan de fascista y a mí me parece, por encima de otras trascendencias hipócritas, profundamente humano. 

Lo que digo se ve en “Acorralado”, “Rocky”, “Copland”, “Maximo Riesgo”, “Yo, El Halcón”... La filmografía de Stallone, en su esencia, y más en sus filmes más emblemáticos, es un puro western más o menos camuflado. En “El protector”, si cambiamos las motos por caballos, la gorra del prota por un sombrero y los 4x4 por carros, ahí está otra vez, la peli del oeste. Hasta tenemos caballos y la maestra a enamorar. Y está el forastero que huye de un pasado violento buscando empezar de nuevo, al que el destino se lo pondrá complicado. Y la puta alcohólica, y el sheriff, y el jovencito peligroso, haciendo gala del orgullo local, que dirían los Radio Futura. 


Y está, del mismo modo, ese tratamiento de la violencia que, aunque es en sí misma parte esencial del género (y, por tanto, zanahoria comercial), también es justificada y justificable, imprescindible. Aunque, aquí se añade el matiz que solo sabe poner el que fue héroe de mil duelos, el pistolero descreído, que sabe por viejo y por pistolero, y que bien conoce que cuando se aprieta el gatillo, el demonio de las armas puede arrasar en su vorágine todo y a todos, indiscriminadamente.

Por todo ello, también probablemente el amigo Sylvester se habría pirrado por tener quince o veinte años menos, dar el tipo y protagonizar esta cinta. A falta de pan, buenas son tortas, y como de lo que se trata es de repartirlas, llegado inexcusablemente el momento, que mejor que solo guionizar y producir pero poner al frente del asunto a su heredero natural. El depositario de las esencias del héroe ochentero que se resiste a la extinción. Me refiero a esa gozosa reliquia de lo que fue un día el cine palomitero de acción: Jason Statham.


Puede que “El Protector” sea una colección de tópicos, de lugares comunes, pero en eso consiste hacer una película de género, de las de antes, de las clásicas, de las de toda la vida. Y en eso ésta es modélica, en sus excesos y previsibilidades que el espectador hasta agradece. Entre otras cosas, porque aun siendo cine sencillo, no es simple. Y lo que hace, lo hace solventemente. Crea tensión, hay conflicto, la acción es contundente y los actores, todos están intachables, componiendo un casting además de peculiar en presencias, eficaz. Qué más se puede pedir en el actual país del cine que no es, precisamente, para viejos cowboys.


NOTA: 7/10

TÍTULO ORIGINAL: Homefront