viernes, 5 de febrero de 2016

"EL RENACIDO (The Revenant)": La machada de Iñárritu

Probablemente, a Iñárritu, como buen mejicano, le van las machadas. Y “El renacido” lo es. Como lo fueron “21 gramos”, “Babel” o “Birdman”, filmes que no se contentaban con contar historias convencionales, de modo tradicional. No. A este tipo le va eso de retorcer los esquemas narrativos, llevar sus actores al límite y crear personales maneras de contar historias. 


Ya, el fulano está engolado, y más desde su oscar por la peli con Keaton. Es ambicioso, y parece que en cada proyecto que acomete esta creando una Mona Lisa. Pero... ¡qué diablos! no tengo narices de criticar en esto del cine (y en la vida, en general) a quien piensa que no hay reto grande, sino ambición pequeña. 

No se cual será la próxima, pero, de momento eso, de irse al quinto pino, donde solo hay nieve, frío y la nada, a recrear el infierno survival que revive el filme en los huesos maltrechos de los actores de su casting, mega-star hollywoodiense incluida, me hace alabarle el gusto, D. Alejandro, al recordarme los tiempos en los que el cine veía a genios como Coppola mirar de frente a la locura, en todos los sentidos, con aventuras fílmicas de magnitudes como “Apocalypse Now”.

Iñárritu dirige a Di Caprio

Caído en desgracia Mel Gibson, a quién, como director y actor, el proyecto le hubiera venido hace unos años de perilla, quizás se usted el tipo con más redaños para esta reversión de la historia del trampero Hugh Glass, que ya llevaran en los 70 dos Richard a la gran pantalla: Richard C. Sarafian como realizador, y Harris, como protagonista.

Pero al final, machadas aparte, el asunto se viene a resumir en si ha merecido o no la pena tanta proeza. La respuesta aquí es, sí, rotundamente. 

Así, lo primero que sobrecoge del filme es su brutalísima puesta en imágenes, con una planificación, dirección y retrato de paisajes y sensaciones, por parte de Emmanuel Lubezki, como diría el torero im-presionante. Filmada con luz natural, casi siempre a la hora bruja, esa que es puente entre el día y la noche, a modo de metáfora del limbo vital en que se encuentra el protagonista, entre la vida y la muerte; lo de este fotógrafo, es además una aventura retratista de puntos de vista sobrecogedores en condiciones extremas. Me remito a secuencias como la magistral del ataque inicial.

El otro gran hito que pasma del filme es el auténtico tour de force contra sí mismo y la Naturaleza más agreste y despiadada que sufre Leonardo Di Caprio, y del que sale victorioso y de qué manera. Leo, has tenido papeles actorales mejores, pero si no te dan el oscar aquí como desagravio por el derroche de fisicidad del que haces gala, chico, olvídate. Realmente, la industria te detesta más que John Fitzgerald en el filme.
Lubezki, el Dios de la luz

Me gustan además muchas ideas que tiene la cinta, como por ejemplo, el retrato primitivo, despiadado, cruel y desmitificador de la forja del Nuevo Mundo. O como la película gira en torno a la idea de los padres y los hijos, que hacer por ellos o a consecuencia de lo que a ellos les pasa, como motor elemental del comportamiento humano (y animal).

Solo afeo del filme, algunas suspensiones de la incredulidad en la supervivencia y mejora física del trampero protagónico; como éste no es asesinado en un instante casi inicial de la cinta (aunque de ser así, hubiéramos jodido el invento); o como se resuelve el enfrentamiento final conceptualmente (con unas trascendencias espirituales casi fuera de lugar) y desde el punto de vista de la planificación del duelo, con acciones mal coreografiadas y hasta imposibles si comparamos los cuerpos de Tom Hardy y Di Caprio. 

Los homenajes (y algo más) a Tarkovski

Pero es pecata minuta ante la experiencia cinéfila, absorbente, nada pesada, pese al metraje y gloriosamente homenajeadora (y hasta algo más) del gran maestro Andrei Tarkovski. Eso sí, claro, de obligado visionado en pantalla grande, que digo grande, enorme güey.


NOTA: 9/10

TÍTULO ORIGINAL: The Revenat

sábado, 9 de enero de 2016

"STEVE JOBS": Sorkin, sí; Boyle, no

“Steve Jobs” no es “La Red Social”. En ésta última, a los que agoraban de ella mil cosas (entre otras, ser una película oportunista) Fincher respondió con oficio calculado, facturando un filme que tenía el tempo que añoraba J. K. Simons en “Whiplash”, ese que maridaba con el guión de Sorkin en envidiable simbiosis.

Pero Danny Boyle no es David Fincher. Es un tipo mucho más efectista, tramposo y falto de equilibrio. De ahí que la puesta en imágenes típica en su cine sea mucho menos sutil, más plástica y, en muchos momentos, deliberada y erróneamente protagonista.
Su abanico de trucos estético pueden ser útiles, cuando se trata de sumergirse en el subconsciente enganchado de un yonki (“Trainspotting”); o, cuando hay que distraer al público evadiendolo del único lugar en el que transcurre una historia (“127 horas”). Pero cuando hablamos de una cinta en la que “el cómo se cuenta” debe ceder su sitio a “lo que se cuenta”, los aspavientos narrativos están de más. 

Winslet, espectacular en el filme, junto a Fassbender

Así, los cambios de grano en la película, según pasan los tres actos, o la sobreimpresión de imágenes, pueden resultar recursos curiosones, pero el exceso de protagonismo estético puede llegar a lo grotesco (esos planos holandeses...) y hundir la función en momentos clave, como aquí ocurre (ejemplo, la escena de la reunión del despido).
Boyle, definitivamente, no es realizador para un filme guionizado por Sorkin. Le falta ubicación, perspectiva. Añadamos a ello, que aquí se le adivina incluso escasez de ganas, al ser un producto de mero encargo.
Los trabajos del creador de “The Newsroom” son de por sí un tour de force. Un ejercicio de movilidad verbal, física y conceptual. Que precisan de la atención del espectador, que no puede distraerse con nada, si pretende embeberse de todo lo que se le está contando. Así lo han entendido, además de Fincher, gente como, por ejemplo, Rob Reiner (“Algunos hombres buenos” y “El Presidente y Miss Wade”, filme germen de la mítica “El Ala Oeste de la Casa Blanca”), cuyos trabajos de realización han sabido situarse en un plano de ejemplar sencillez, que no simpleza, a la hora de poner en imágenes los textos de este guionista privilegiado. 

Boyle y Sorkin, agua y aceite

Y sí, el libreto de “Steve Jobs” no es perfecto. Claro que no lo es. Y está lejos de poseer el calado de otras obras de su autor. Pero, no perdamos, de nuevo, perspectiva. Probablemente, partir de una biografía autorizada como es el caso, no da mucha chance a ponerse incisivo, polémico o destapador de vergüenzas (aunque algunas, o varias, se expongan). Quizás aquí la virtud hay que buscarla en conseguir colar los dos primeros actos, estupendos, antes de rendirse al empachoso buenismo salvífico del tercero.


NOTA: 6/10

TÍTULO ORIGINAL: "Steve Jobs"

viernes, 11 de diciembre de 2015

"LA NOVIA": Otro Lorca es posible

Si a estas alturas decides adaptar un Lorca, tienes que saltar al vacío. Sin mirar, sin red. Y luego abrir los ojos y comprobar si te aplauden o abuchean la pirueta. No hay medias tintas. A la manera torera, puerta grande o muerte. 

Eso hace Paula Ortiz en “La Novia”. Saltar y montar “Bodas de Sangre”, ortodoxa respecto al texto del poeta, pero heterodoxa en el imaginario de paisajes y figuras. Filmada con un lirismo arrebatado, deudor de la poesía del maestro, Los Monegros y La Capadocia sirven de set yermo, terroso, en ruinas, para este drama genital, devorado de pasión, negro, brujo, atávico, y exhibido adrede como atemporal, como son los instintos básicos del ser humano. 


Pero es nuevo a los ojos, y a los oídos. Cantes que van de "La Tarara" al “Take this Waltz” de Leonard Coen, embrocan ideales con una puesta en escena alambicada de recursos fílmicos, puestos al servicio de contar otra vez lo de siempre de modo pasmoso. Y moderno, dentro del machismo que se pueda presumir intrínseco a la obra lorquiana. Una película de mujeres, con mujeres de rompe y rasga. Y de hombres, intencionadamente arquetipos, que no van más allá de ser desencadenantes de todo lo que ellas hacen y les pasa.

Paula Ortiz dirigiendo a sus actrices

Y está, además, en cierto modo, un gusto por el preciosismo casi de filme oriental (no en vano parte del soundtrack es del japones Shigeru Umebayashi). Y, claro, interpretaciones sobrecogedoras, como las que nos obsequian Inma Cuesta y Luisa Gavasa de los dos personajes a los que la película se entrega: la novia y la madre.

Definitivamente, Paula Ortiz saltó al vacío y cayó de pie. Y ahora solo escucha aplausos.


NOTA: 9/10

sábado, 28 de noviembre de 2015

"SPECTRE": Un Bond de cortarse las venas

Sam Mendes tiene por afición joder películas idiotizando a sus personajes. Ya le ocurrió con esa caricatura de sicario que interpretaba Jude Law en “Camino a la perdición”, que discordaba del tono y empaque del resto de un filme, en todo lo demás, sobresaliente. Y lo volvió a hacer, por ejemplo, y ya que hablamos de 007, en “Skyfall”, rebajando en el último acto al “M” interpretado hasta ese momento por Judi Dench con marcialidad pétrea y un par de huevos, en una abuelita del club Tena Lady que, ya no es que no supiera como disparar un arma, sino que no valía ni para jugar al escondite.

El asunto en “Spectre” es de traca, porque en ella se arrasa con toda la creación de personajes que se había venido confeccionando, primorosamente, desde que Craig se hizo con la encarnación de Bond. Y que parecía inaugurar la definitiva era adulta del héroe de Ian Fleming, con un poliédrico 007 más oscuro, dramático y potente que nunca. Con un pasado, con un presente y con un futuro nolanianos que lo hacían de lo más suculento a ojos del espectador más allá del fandom. Pero todo eso queda dinamitado, esquematizado hasta la esencia más vulgar del personaje. No hay detalles de creación psicológica, ni otra lógica de actuación que no sea la atraer a las titis a lo anuncio de Axe (patético el episodio de Monica Bellucci); e ir, de corre que te pillo, en corre que te pillo, con el primo uñas de plata de un sucedáneo de La Montaña juegotronil, en lo que pretende ser, supongo, un intento de homenaje al mítico Tiburón de Richard Kiel.

Mendes, en medio del rodaje

Por lo demás, un filme de 007 no con homenajes, sino con lo peor de sus clichés: anuncios encadenados de ropa, coches y relojes, en ambientes pretendidamente cosmopolitas, retratados con una fotografía de una solemnidad y textura pseudo-fincheriana impropia de una historia en la que se adivinan pasos y frases siempre, y que, a su desgana en la escritura, solo rivaliza la realización en modo automático de un Mendes que parece haberlo delegado todo en la segunda unidad y en sus ayudantes de dirección, mientras pasaba los días de rodaje entre crucigramas y sudokus.
Y para guinda: Cristoph Waltz. Qué villano, amigos. Resucitar al malo entre los malos para esto. Para darle el personaje a este tipo. Para maltratar a Blofeld convirtiéndolo en un malo de sainete, irrisorio, irrespetable, carente de carisma e inaguantable, como el propio Waltz siempre es, me da igual los oscars que tenga.

Craig y Waltz, como buenos hermanos

En resumen, que si esta es toda la gana que Mendes, Craig, y los guionistas Purvis, Logan y Wade, le ponen a hacer un Bond, no te cortes tu las venas Daniel (parafraseando sus declaraciones sobre hacerlo antes de ser 007 otra vez), ya me las corto yo, si Barbara Broccoli y compañía os vuelven a llamar. Antes seguro me veo una de Austin Powers. Te lo juro por el Gordo Cabrón.


NOTA: 3/10

TÍTULO ORIGINAL: Spectre

sábado, 31 de octubre de 2015

"LA VERDAD": Soy mas de Will MacAvoy

La verdad es que, visto el cine periodístico moderno que va desde la refundacional “Todos los hombres del Presidente” hasta la inobjetable “Buenas Noches y Buena Suerte”, se antoja pobre la aportación del debutante James Vanderbilt al género. Un director, por otro lado, del montón, cuya realización está lastrada a partes iguales por la ingenuidad y una monotonía aletargante. La maldad aquí me sugiere apuntar a los seguros consejos mangoneantes de ese bueno para nada que es Brett Ratner, productor del filme. 
La verdad es que no veo por ningún lado lo de meter en quiniela de los oscar a un título del que solo destacaría, la efectiva labor de secundarios como Dennis Quaid o Stacey Keach, que, sin descubrir la pólvora, se me antojan mucho más veraces que una sobreactuada reina del mambo Cate Blanchet, a cuya actriz y personaje tributa la cinta una pedante declaración de amor (libro obliga); o que un Robert “Chucky” Redford cada vez más momificado e inerte, a punto del envenenamiento masivo por botox. 

Blanchet y Redford

La verdad es que me cargan esos momentos fotográficos que parecen estar retratando a Dios “Rather” en la Tierra. Me indigesta el score imitador de rimbombancias quieronopuedista de Brian Tyler. Me amodorra la narrativa tediosa de su primer acto. Y, en suma, me decepciona una película que aspira a trascender y que acaba dejando una huella en el cine periodístico similar a la de “Íntimo y Personal”, curiosamente también con el abuelo Redford. 
La verdad es que, tras ver “The Newsroom”, específicamente su segundo temporada, confieso que dentro de su imperfección y desequilibrio, se me antoja que Sorkin ya diseccionó casi el mismo argumento con más aristas y brillantez. Y, sí, soy más de Will MacAvoy.
La verdad es que, tras olvidar “La verdad”, me entrarán ganas de revisar, además de las que apuntaba al comienzo, otros títulos más o menos tangenciales a éste que si recuerdo: “El Dilema”, “El político”, “El cuarto poder”, “El candidato”, “Network, un mundo implacable”, “Candidata al poder”, “La gran estafa” o “El precio de la verdad”…


NOTA: 5/10

TÍTULO ORIGINAL: Truth

domingo, 18 de octubre de 2015

"ALLÍ ABAJO (serie tv)": ¡Ole, de verdad!

Probablemente esta sea la última crítica que haga. Tras ella y la persecución a la que seré sometido por el gafapastismo integrista hachebeoero y filoneflixino, habré de terminar mis días como anacoreta, a lo Simón del desierto, predicando mis críticas a la señora de cuenca y tres parroquianos más. ¿Por qué? Porque voy a poner por las nubes una teleserie española, cómica, cuajada de tópicos, supuestamente aprovechona del boom de una peli de taquillazo hecha por la competencia y destinada al consumo masivo de esos espectadores que a la pregunta de quién es John Snow responderían ¿mande?...


Si amigos, en trance de dejar de serlo, he visto “Allí Abajo” y me ha gustado. Qué cojones, no solo me ha gustado, me lo he pasado pipa. Porque no solo de Walter Whites y Don Draperes vive el hombre. De vez en cuando apetece desentumecerse de la pose cultureta con algo que no pretende más que ser puro entretenimiento, llano, sencillo, que no simple. Y digo esto, porque, es muy difícil hacer comedia en este mundillo. Y hacer reír, disfrutar con desenfado. Sin más ni menos.

Carmen e Iñaki, María León y Jon Plazaola 

Algo que en nuestra tradición patria siempre se ha visto, no obstante, muy mal, por la crítica sesuda, pero muy bien por el público de a pie. Desde los entremeses y sainetes teatrales, a las las españoladas, el cine del desarrollismo, las películas de Landa, Lopez Vazquez, Gracita Morales y Paco Martinez Soria, las que hacían Saenz de Heredia, Lazaga o el gran Mariano Ozores, con cuyo Goya de Honor, este año, se quiere pagar una deuda incobrable del cine autodenominado español con este otro cine no menos español, y con un modo de entender las películas como vehículo ingenuo de gozosa evasión cañí, sostenedor de una industria que, de otro modo, habría quedado extinta desde hace décadas, muchas.

“Allí abajo” entronca con esta larga tradición popular, en el mejor sentido del término. Dirigida al anti-friki, persigue lo que antes apuntaba, pasar con ella una rato de (son)risa puesta, sin tirar de complicados recursos metacómicos, técnicas de cuarta pared, mockumentaries, o reírse de la incómoda vergüenza ajena. La clave de esta producción de Aitor Gabilondo y el veteranísimo César Benítez, es hacer bien las cosas, respetar al público y ofrecer calidad.

Tópicos sí, pero muy bien explotados

Así, partiendo del concepto de la serie (robarle la cartera a Vasile y sacar réditos del fenómeno “Ocho Apellidos Vascos”, aunque dicen, curiosamente, que el proyecto era incluso anterior) es imposible, hacerlo mejor. Tanto que me divierte todo lo que me aburrió el filme de Martínez Lázaro. Y es que no se puede contar mejor lo que se quiere contar. Y ello, aunque los capítulos sean casi películas por su metraje, como siempre en la ficción de este país. Hay ingenio de sobra, como lo demuestran en cada frase sus protagonistas que componen un casting impecable, qué grande es, por cierto, Yolanda Serrano, Eva Leira y compañía. Qué sería del cine y las series nacionales sin ellas... Imposible un reparto mejor que el compuesto por los protas María León, Jon Plazaola, su majestad Mariano Peña, los compadres Alfonso Sánchez y Alberto López, Salva Reina "Jozé", la enorme Mari Paz Sayago, la cuadrilla: Gorka Aguinagalde, Iker Galartza y Óscar Terol, ojo además de actor, co-creador y guionista, hay mucho y muchos de “Vaya semanita" aquí en muchos y muchos, la Ama, Ane Gabarai y la tía Bego, las enfermeras, las vecinas, Carmina Barrios incluida y bueno, todos, y subrayo todos. No es cosa de convertir esta crítica en una entrada de IMDB. 

El reparto principal de la serie, en el set

Y aunque el asunto gravita sobre la hipérbole del tópico, superado el golpe de inverosimilitud que propina su exacerbación, gana de calle el chiste bien construido, el enredo propiciatorio de situaciones de comicidad naif pero tremendamente resultonas y un rosario de personajes que basculan entre la entrañabilidad y la comicidad clásica, perfecta.

Vaaale, llegados a este punto, no insisto más. Los que aún sigan escuchándome, quitaos la clásica cara de estreñido de Clint Eastwood antes de espetar seis balazos a un nota, y comeros el piloto de “Allí abajo” en plan pincho. A ver si sois capaces de no zamparos el resto de temporada ¡Kabenzotz!


NOTA: 8/10

TÍTULO ORIGINAL: Allí abajo

domingo, 27 de septiembre de 2015

"LA VISITA": Shyamalan y las vainas


No sé si recordareis “La invasión de los ladrones de cuerpos”. Ese clásico del cine fantástico y de terror en el que, de la noche a la mañana, la gente cambiaba, ya no era la misma. Al final, se descubría que unos extraterrestres se habían apoderado de sus cuerpos, transformándolos en un duplicado exacto, pero sin alma ni emociones. No sé si a M. Night Shyamalan le habrá ocurrido igual, lo cierto es que, desde que rodase, hace más de 10 años, “El bosque”, a este fulano parece que se lo ha merendado un alienígena, porque no ha hecho nada ni remotamente a su altura desde entonces, con la particularísima huella de su genio vamos. Os recuerdo que se trata del autor de “El sexto sentido”, “Señales” o del mejor filme de superhéroes que se ha hecho jamás: “El protegido”. Pero ya digo, desde entonces tontadas como “La joven del agua”, “After Earth”, horrores como “Airbender” y gazpachos indigeribles como la serie de tv “Wayward Pines”. 

Decían que con “La visita”, volvía al terror, su género favorito. Y que con ella recuperábamos al cineasta perdido que todos añorábamos. Bueno, hace falta ser muy bien intencionado, muy fan, jefe de prensa de la distribuidora o no haber visto las mejores cintas de este tipo para no frotarse los ojos, cuando se leen este tipo de comentarios flipones.
“La visita” es, en el mejor de los casos, una comedia de terror, homenajeadora de lugares comunes, amante de las series B y emuladora de aquellos episodios de series tipo "Alfred Hitchcock Presenta". Pero esta peliculita adolece de la enjundia, hechuras, gusto por los detalles y ánimo de asombro en la platea que tenía Shyamalan cuando era uno de los realizadores más cojonudos de su generación. 


La cinta quizás se vea con sonrisa de medio lado, si jamás la tomas en serio y te pilla muy de buenas. Sino, frustra, cabrea y dan ganas de mandar a su autor a vender frigoríficos a los esquimales. Sin que la modestia de su presupuesto y pretensiones sean disculpas para dejarse tomar el pelo. Una verdadera lástima, otra vez. 
Definitivamente, creo que alguien debería comprobar si en el invernadero del hogar de los Shyamalan hay vainas vacías, como las de la película del maestro Don Siegel.


NOTA: 3/10

TÍTULO ORIGINAL: The Visit

sábado, 19 de septiembre de 2015

"B": LLEGA UNA PELÍCULA LIBRE Y SALVAJE

“B” es una suerte de flor del desierto, de bicho abisal, inconcebible en un entorno mediático dominado por el establishment corporativista; que ha sabido encontrar el modo de no quedar abortada, como lo está el cine político contemporáneo en este país.

El crowdfunding, última puerta a la que llamar agotado de que te cierren todas en las narices, sumado a la obstinación y la audacia, han permitido la encarnación en película de una pieza sobrecogedora de la triste historia del pillaje nacional.
Porque la cinta es una patada en los cojones que deja sin aire, en primer lugar, al espectador, que palpa horrorizado la que sería una realidad confirmatoria de lo que ya imaginaba, pero también al presunto participe en las idas y venidas del dinero B, que contempla como, tras ser señalado sin remilgos, sus vergüenzas quedarían impíamente expuestas.
El filme del debutante David Ilundain respondería muy bien a porqué no se hace más cine de política real aquí. Si quieres comer salchichas, nunca veas cómo se hacen. Nadie quiere que veas cómo se hacen sus salchichas, y aquí da igual de qué partido o negocio se hable, pues las habas cocidas parecen ser alimento de todos.

Ilundain dirigiendo a Casablanc

No obstante todo el poder incisivo que este casi documental posee por lo que reproduce (literalmente, las declaraciones de Bárcenas a Ruz), y que ya de por sí te demuelen en la butaca, cinematográficamente, la película tiene también su valía. 
Y es que, sobrepuesta a su carácter de ópera prima, a su activismo, fines denunciatorios y limitaciones presupuestarias, es capaz de transportar lo que fue en origen una pieza teatral a un producto que consigue la agilidad audiovisual necesaria para el que la ve no se ahogue en un mar de datos, nombres y cifras. La clave, sobre todo, dos actores como la copa de un pino, Manolo Solo y, en particular, Pedro Casablanc, encarnando éste último a un Bárcenas al que insufla una veracidad que pasma.
No se puede engañar a todos todo el tiempo. Llega una película libre y salvaje que pretende demostrarlo.


NOTA: 8/10

TÍTULO ORIGINAL: "B"

sábado, 5 de septiembre de 2015

"ANACLETO: AGENTE SECRETO": Javier, nunca falla

 Javier, de lo que se trata es de hacer una peli sobre un personaje de tebeo, de los de siempre. Anacleto, ya sabes, agente secreto. Pero que enganche al público de hoy, con otro aire, más fresco, un reboot. Aunque, habrá que salpicar la cinta de guiños a las viñetas de Bruguera, para traer al cine a los que crecieron con el personaje. Sería una especie de comedia de acción, a la americana, pero sin pasarse, sin olvidar el componente cañí, y sin gastar mucha pasta, ya sabes que aquí el presupuesto no va en dólares… 


Si non e vero convendremos que podría ser ben trovato. Porque apostaría el collar de Sapristi a que, más o menos, por ahí fueron los tiros en las conversaciones con Ruiz Caldera y su troupe para llevar a la gran pantalla esa respuesta patria a 007 que el gran Manolo Vázquez se inventó en los sesenta a mayor gloria de comic ibérico clásico.

De entrada confieso que me encanta el cine español que no es cine español. Y me explico. Esas películas que no van de vendettas cainitas revisitadoras de la Guerra Civil, o que no son meras excusas para tórridos despelotes. Esto es lo que era el cine español, hasta que a gente como Javier Ruiz Caldera les han dejado hacer otras cosas, demostrando que las cintas de género y el cine evasivo comercial merecen su sitio y que seguir las trazas de otras filmografías modélicas en estos menesteres, como la siempre demonizada yanqui, no solo no es ya un imperdonable pecado, sino la clave para que la industria nacional se mantenga, al menos, viva. 

Gutierrez, Caldera y Arias

Y es que, el autor de filmes como “Spanish Movie” o “Promoción Fantasma” es uno de esos realizadores desacomplejados, universales, amamantado por el cine ochentero americano que, además, tiene huella autoral, al pasar por el tamiz hispano menos casposo todo su imaginario cinéfilo. Por eso, no se me ocurre un fulano mejor dotado para reinventar al Anacleto, agente secreto de los tebeos en los términos que al principio decía.

Porque, al final, la cinta es todo eso en inobjetable equilibrio y, de propina, un recital actoral de la pareja protagonista, con un Imanol Arias muscular, genuino y pletórico, gloriosamente rescatado del entumecimiento televisivo, frente al que no se achanta Quim Gutierrez que añade unos envidiables matices físicos a su ya conocida y efectivísima vena cómica. 

En fin, que Ruiz Caldera lo ha vuelto a hacer bueno, bonito y barato. Y es que este tipo nunca falla.

By @magnumcallahan

NOTA: 7/10

TÍTULO ORIGINAL: Anacleto: agente secreto

domingo, 14 de junio de 2015

"JURASSIC WORLD": Un negro llamado Spielberg

Cuando Spielberg produce una serie, pone la pasta, el nombre y se desentiende. Su mano ni está, ni se la espera. Pero cuando hace lo propio con una película, a veces le gusta mangonear. De todos son conocidos ejemplos, como “Los Goonies” o “Poltergeist” que, aunque firmados por otros, quien decidía cómo realizar más escenas de las debidas, era precisamente él. Lo de “Jurassic World” es la última de esa lista de cuasi-autorías no confesadas, pero, a la vez, resulta un caso paradójico.
Y es que, a comienzos de los noventa, al bueno de Steven lo que le quitaba el sueño era hacer una gran obra sobre el Holocausto. Solo encontraba problemas para financiarla, por lo que pactó con los estudios darles un filme revienta taquillas a cambio de conseguir el cash con el que financiar la que, a la postre, sería “La Lista de Schindler”. Dicho y hecho. La palomitera fue “Parque Jurásico”, que puso a los dinosaurios de una moda que dura hasta hoy, arrasó en el box office mundial y vendió más merchandising del que se fue casi capaz de producir. Pero Spielberg la rodó con la punta de la nariz. En un plis, plas. Sin poner demasiado empeño. Tan es así, que la postprodujo desde Europa, en los escenarios donde ya rodaba la epopeya judía protagonizada por Liam Neeson que le otorgaría siete oscars de la Academia y el prestigio que como director serio siempre ansió tener.
Luego llegó una "obligada" secuela, “El Mundo Perdido”. No era cosa de dejarse sin esprimir el pterodactilo de los huevos de oro. Pero tampoco es que aquella revisitación, más o menos obvia, del mito de King Kong cautivase al genio de Cincinnati. Tan hastiado quedó, que para la tercera dijo que no contaran con él. El momentáneo epitafio a la saga lo puso así Joe Johnston, con un título de filosofía más disonante pero injustamente infravalorado.
Ahora, catorce años después, en plena vorágine hollywoodiense resucitadora de oldies but goldies, a Spielberg sí que le ha molado sacar a pasear de nuevo sus míticos bichos prehistóricos y hacer con ellos lo que nunca antes, disfrutar. Así, se ha buscado a un pipiolo en esto de blockbustear (y en casi todo lo demás) al que enseñarle cuatro cosas. Un Colin Trevorrow que aún se sigue preguntando como ha sido tan suertudo de ser elegido por Mr. Midas para la ocasión, tras solo haber hecho una modestísima opera prima indie, imaginativa, sí, pero que no reunía ni una sola de las características que se requieren para llevar cabo un filme de 150 millones de dólares de presupuesto. Ingenuo…

Trevorrow y Spielberg


¿Y el resultado? Una película que es, reconozcámoslo, la mejor de todas las entregas y me importa un bledo quien se rasgue las vestiduras. Seamos serios, fascinaciones infantiles aparte. La primera (la más reconocida de la vieja trilogía) tenía solo de maestra la música de John Williams y el CGI de la ILM, hoy, por cierto, superadísimo. La que ahora se estrena, es superior, pues, en su consciencia de lo que es y en su afán autoreferencial y de retorno al hogar de los universos conocidos, la cinta se convierte más que en una secuela, en un remake, en el que Spielberg a través de Trevorrow, recrea sus propios planos, escenas, secuencias y el concepto y espíritu que ya tenía el relato de Chrichton en aquel filme del 93, pero disfrutándolo como nunca antes. Y, con un sentido de la aventura, de la evasión, del ritmo non stop y del hacer gozar al espectador de un filme familiar entretenidísimo que no terminaba de redondearse en ningún título de los anteriores, porque en ninguno de ellos su creador se había entusiasmado con lo que estaba haciendo y porqué lo estaba haciendo. Y, en este punto, creo que el hecho de que Spielberg haya obrado como “negro” de Trevorrow le ha permitido además toda la libertad del mundo, ningún encorsetamiento y más simpleza de propuesta y ejecución de la que le sería exigible a un título filmado por él. Ahí está, amigos, la clave de “Jurassic World”, bueno en eso, en sustituir al soseras de Sam Neill por Chris “Indiana” Pratt y, naturalmente, en los taconazos indestructibles de Bryce Dallas Howard.


NOTA: 8/10

TÍTULO ORIGINAL: Jurassic World

sábado, 23 de mayo de 2015

"MAD MAX: FURIA EN LA CARRETERA": El Valhalla de Inmortan George

Al pequeño George Miliotos lo imagino con apenas los años necesarios para que la visión de algo memorable se marque indeleble en sus recuerdos; y quede ahí, de por vida. En esas, le adivino pillastrón, colándose en un cine de los de antes, que también los había en las antípodas australes, por muy salvajes que las imaginemos, claro. Y quedándose embelesado mientras ve por enésima vez una peli yanqui de vaqueros llamada “La Diligencia”.


Ese mismo tipo, ya apellidado Miller, permutado de médico de urgencias en cineasta low cost, pare a finales de los setenta un mito contracultural, indómito, llamado Mad Max, en una cinta puro ozploitation, multireferencial, anárquica, espontanea, imperfecta y hasta ingenua, pero con un nervio visual y un modo acojonante de rodar con tres duros la acción más descerebrada. 


No obstante con ello, ese primer filme no fue más que un precedente. Una credencial que presentar a los que sueltan la pasta para que le dejasen hacer lo que realmente quería, un western clásico, travestido en post-apocalíptico, con claras alusiones a cumbres del género como “Raíces Profundas”; y, por fin, con ese mi presumido recuerdo infantil encarnado en sueño cumplido que es el de remakear la secuencia de la persecución de “La Diligencia”, en los apoteósicos casi veinte minutos que epilogan “El Guerrero de la Carretera”, como se conoció aquí a la secuela de “Mad Max”.

Miller dirigiendo a una impresionante Theron

De igual modo que los Indiana Jones solo son tres, a día de hoy, los Mad Max, son también una santísima trinidad, pues no es digna del pedigrí de la saga la peli con la Turner y los niños perdidos; esa infantiloide y spielberiana, en el peor sentido, “Mas allá de la Cúpula del Trueno”. Un filme truncado, muy seguramente, por la traumática desaparición de Byron Kennedy, el compinche co-creador de las andanzas del loco Max.

Tras esto, estamos ante un tipo al que el 11-S, la mala suerte, el dinero y un largo etcétera de imponderables acaban refugiado en productos ¿infantiles? como “Babe, el cerdito en la ciudad” o “Happy Feet”, originales y estupendísimos, sí, pero meros pasatiempos para quien está obsesionando con poner en pie la digna resurrección de su mito más exudante que nunca de sangre, gasolina y puta locura.


Lo que nos lleva, tras treinta años y quince de farragosa producción a “Mad Max: Fury Road” la que dicen Capilla Sixtina del cine de acción, y digo amén a eso. Fidelísima a sus señas de identidad. Parca en argumentos, lapidaria en frases y desatada en todo lo demás, este setentón rockero metálico demuestra que ni está viejo, ni su cine muerto. Cual John Ford alucinadamente espídico, cambia Monument Valley por los desiertos de Namibia, e icónico en cada plano, fulgurante en cada secuencia, nos regala no veinte minutos, no un tercer acto, sino dos horas de glorioso homenaje, nuevamente, a la “La Diligencia” y su mítica persecución. Dicen que hay directores que ruedan siempre una y otra vez la misma película. Bendito sea eso aquí. 

Un corre que te pillo autorreferencial, sin solución de continuidad, que además nos devuelve al gusto por la acción vívida, física, de verdad, de la que rodaba McTiernan o Renny Harlin en sus buenos tiempos. Esa en la que el CGI solo matiza, disimula y está para no notarse que está. Esa que convierte en loosers a tipos como Michael Bay y demás de su calaña. La que se ve, se sigue, no satura y sabes qué pasa, a quién le pasa y cómo le pasa. Un chute de actioner de alto octanaje que, a los que rendimos culto al V8 Interceptor tuneado, nos catapulta al Valhalla del subgénero que la propia saga creo y ahora, a mayor gloria de Inmortan George, se refunda.


NOTA: 10/10

TÍTULO ORIGINAL: "Mad Max: Fury Road"

viernes, 13 de marzo de 2015

"NEGOCIADOR": Cobeaga, el funambulista

El funanbulista de raza, vive obsesionado con el más difícil todavía. Con hacerlo más alto, más largo, más allá. Es su naturaleza. Puede que a veces, se tenga que contentar con transitar la cuerda floja bajo las lonas de un circo, con la red debajo. Pero lo que le da la vida es arriesgarla, como lo haría Philippe Petit, ese que cruzó el cielo neoyorkino que separaba las torres gemelas, sin trampa ni cartón, jugándose el pellejazo. Y así, salir al mundo, encaramarse a un lugar cuanto más alto mejor y andar sobre el aire, con la sola ayuda de una pértiga y el valor, ese que admira a los que desde abajo le observan, pero que para él es innato y hasta por ello, carente de la trascendencia que los demás le dan.


Cobeaga es un funambulista. De los que no se conciben con los pies en el suelo. Y su última película “Negociador”, en la que obra de guionista, productor y director, lo demuestra. Y no porque se encarame a lo alto de un episodio polémico del denominado conflicto vasco, ya lo ha hecho más veces y muy inteligentemente, por ejemplo, en “Vaya semanita” de la EITB.; sino porque el paseo por las nubes que se nos pega es muy alto, muy largo, el más difícil todavía (de momento).

Un momento del rodaje con Cobeaga, De La Rosa, Barea y Areces

Le supongo al coguionista de “Ocho apellidos vascos” con el come-come constante de probarse. Ideando, mientras escribe encargos alimenticios, lugares ignotos que explorar, insisto, más que por temática, por modos de contar. Le presumo, como J. K. Simmons en “Whiplash”, fantaseando con un tempo perfecto, distinto, diferente, más allá. Con un tono inhabitual pero sorpresivamente ideal para hacer la más peculiar comedia.

Y es que “Negociador” y sus proverbiales (y muy idóneos) 79 minutos, desarma, descoloca, provoca, destensa, cotidianiza, engancha, saca la risa floja, nerviosa, el gesto cómplice, triste, esperanzador. Destila libertad creativa, de rodaje, de pensamiento. Y una sencillez que no es nada simple; una naturalidad que pese a ser fabulada resulta auténtica. 

Una negociación muy peculiar

Cobeaga esta vez ha caminado de lado a lado de una cuerda flojísima, con el descaro y la maestría de quien, a partir de aquí, puede contar lo que quiera y como quiera.

PD.- Ah, por cierto, Caros Areces es Dios. Y, si se lo propusiera, podría hacer de la Madre Teresa de Calcuta y ganaría el Goya y el Cielo, sin ni siquiera tener que morirse.


NOTA: 9/10

sábado, 7 de marzo de 2015

"SELMA": Panfletaria, efectista, anticinematográfica...


Probablemente, “Selma” sea la cinta más panfletaria, efectista y anticinematográfica que he visto en años. Y me quedo tan ancho al decirlo, por muy políticamente incorrecto que pueda parecer este comentario, dado que el filme se ha erigido en la bandera con el que el black power hollywoodiense pretende sacudir este años las conciencias y reivindicar un pasado y presente de discriminación. 


Y es que, me vais a permitir que pase con olimpismo de connotaciones fuera de la pantalla que, francamente, como diría Rhett Butler, me importan un bledo. Porque, al fin y al cabo, lo que debe juzgar una película, no es otra cosa que su valía per se. Y, desde ese punto de vista, “Selma” es todo aquello que jamás quiero ver en un cine. 


Cuando tienes un argumento real tan potente, sensible y, diablos, mítico como el que cuenta la cinta de Ava DuVernay, la historia se cuenta por si misma. La película que de ello hagas no necesitas enfatizar cada imagen con una fotografía publicitaria, caer en la cámara lenta, subir la música sensiblera hasta el abuso, ni pretender en cada plano crear un icono. No estás haciendo Historia, nena, estás contando Historia. Y lo haces, además, sobre un tema como el racismo en la América profunda sobre el que se habrán podido llevar a cabo mil y una aproximaciones. Y sobre un personaje, Martin Luther King, sobre el que se ha dicho ya todo lo que cualquiera se sabe de carrerilla.

Ava DuVernay dirige a David Oyelowo

Con todo ello, lo que consigue “Selma” es retraer al espectador al que cansa tanta pose, tanta impostura antinatural, poco empatizable, en un tiempo que vivimos que, en lo audiovisual, es, pese a quien pese, hiperrealista.

Una lástima que, con el pretexto de llegar al gran público, de tratar de hacer carrera de premios, la opción que se tome pase por tratar infantilmente al espectador, con una burda manipulación demagógica, tópica y simplista a mas no poder. Pitt, Ophra y compañía se han gustado demasiado, olvidando muy pronto que se puede hacer cine militante a la par que de enorme calidad, como demostraron el año pasado auspiciando un peliculón, de poso muy similar, como fue la seca, brutal y maestra “Doce años de esclavitud”.


NOTA: 2/10

sábado, 21 de febrero de 2015

"EL FRANCOTIRADOR (American Sniper)": El perro pastor

“El francotirador” es una americanada, un panfleto proalistamiento para las huestes guerreras del tío Sam. Y la apología de un modo cobarde de luchar. Y, claro, una loa filofascista, justificadora de los desmanes imperialistas de los yanquis… Amigos, quien diga esto, o bien no ha visto la película, o está consumido, enfermizamente, por los prejuicios.


Y es que Eastwood, pese a enfrentarse a poner en imágenes la autobiografía del más letal francotirador de la reciente (y controvertida) Historia bélica de los EEUU, acomete esta tarea, eludiendo caer en el más obvio patrioterismo, e incluso en el más entendible patriotismo, y va directo a lo que realmente le interesa, contar la historia de un soldado y como la guerra le deja una huella difícil de borrar.

El filme, de hecho, no es un romance del héroe en el que se vitorean sus mortales records, cual si de un gladiador en circo romano se tratase. Todo lo contrario. El autor de “Cartas desde Iwo Jima” se cuida muy mucho, de cuestionar, continuamente, la ratio de la guerra, dando respuesta a ello, siempre, con la metafórica parábola del perro pastor, con la que casi principia el filme, definiendo prodigiosamente que tipo de personaje protagonizará la cinta.

Bradley Cooper, Clint Eastwood y el auténtico francotirador, Chris Kyle

La violencia como respuesta defensiva para evitar que el lobo te devore, y ello, pese a que esa violencia sea un fuego que quema, consume y, finalmente, aniquila. De esto va “El francotirador” y no de geopolítica o geoeconomía. De eso y de devolver la dignidad y la humanidad a quienes luchan por otros, incluso por los que creen que los lobos no existen.

Sentado esto, “American Sniper” es además una lección de cine. La que imparte un abuelo de ochenta y cuatro años que no tiene nada mejor que hacer que irse a Marruecos a rodar un filme bélico, con todos sus consustanciales elementos. Y digo una lección de cine porque la trinidad formada por el oscarizable guión de Jason Hall y la economía narrativa que Eastwood apoya en un montaje soberbio, dan como resultado su mejor película en años. Y es que nada hay superfluo. El arranque es un tiro que va certero al conflicto. Las escenas bélicas, las precisas para conformar la evolución psicológica y vital del protagonista, ajustadísimamente encarnado por Bradley Cooper. Y tiene instantes vibrantes, emotivos, terribles… Gracias maestro por otro peliculón, aunque no todos sepan o, mejor, no quieran verlo.


NOTA: 9/10

TÍTULO ORIGINAL: American Sniper




     

domingo, 1 de febrero de 2015

"NIGHTCRAWLER": Dream is Over

Un mundo que se alimenta del aprendizaje online de las reglas del mercantilismo y de la voladura de cualquier frontera que impida la deshumanización, excreta diarreicamente tipos como Lou Bloom. El american way of life ya no es un anuncio de Marlboro. Ni el sueño americano se resume en las palabras iniciales que en "El Padrino" monologa el funerario Bonasera. Dream is Over. La ahora pesadilla yanqui se emparenta más con la peripecia codiciosa de los paletos anabolizados de “Dolor y Dinero”; o, yendo al meollo, con la sanguijuela repugnante que encarna un aterrador Jake Gyllenhaal, en este “Nightcrawler”, primo, en sociopatía, del Travis Bickle de “Taxi Driver”
“Luna Nueva”, “El gran Carnaval” o “Network” son clásicos Disney risibles, irónicamente cómicos, superados por el hoy que, con incomodante veracidad, vivisecciona la opera prima de Dan Gilroy, que desnuda, sin concesiones, la voracidad rivalista y cainita de una sociedad que, como suerte de nuevo Saturno post Lehman Brothers, devora a sus hijos con fruición en cualquier restaurante fastfood.

                                                           Bloom al filo de la noticia


Y es que, “Nightcrawler” no solo tira con bala de punta hueca (y obviedad) al periodismo de tinta roja, del que apostataría cualquiera de los santurrones de la redacción de "The Newsroom"; sino que ecografía con vividez el fracaso (nunca oficialmente reconocido) del capitalismo sin domesticar, como supremo mandamiento laico de un país que lo lleva en su ADN, atávicamente.



Gilroy y Ghyllenhaal, guión en mano

No obstante todo ello (y su vocación indie) no hablo de un filme de arte y ensayo. La película encima tiene la bendita chulería de emascararse como thriller de los soberbios, emparentado en lo estético y conceptual con Michael Mann, el Wind Refn de “Drive”, o el Walter Hill de “Driver”, en el que se quema rueda en una urbe nocturna de neón y asfalto, de viento en las palmeras, de sonido de escáneres policiales, de amaneceres que nunca traen las alas con las que escapar de una ciudad en la que ya no quedan ángeles, pese a su nombre.


NOTA: 9/10

TÍTULO ORIGINAL: Nightcrawler

domingo, 18 de enero de 2015

"CORAZONES DE ACERO": Los perros de la guerra

Me gustan las películas de aventuras de Howard Hawks. Esas en las que un grupo de profesionales afrontan el riesgo aferrándose a la camaradería y a los vínculos forjados por los golpes que les propina su modo de vida. También las de los dos Sam, Fuller y Peckinpah, herederas de éstas, pero más desmitificadoras y descreídas, amargas, envilecidas. A David Ayer le presumo de mi cuerda, pues su último trabajo nos devuelve a ese cine, en un género, el bélico, que, desde “Salvar al soldado Ryan”, no me había vuelto a llamar la atención.

Y es que “Corazones de acero” es la historia de un tanque, el Fury, y de los tíos que lo han convertido en mítico. Esos que, como se dice en la película, comenzaron matando nazis en África y ahora lo hacen en Alemania. En el tránsito, la guerra les ha curtido, adaptado a la supervivencia y degradado en lo humano, de un modo irreversible. Y el blindado es su hogar, su patria, y ese su mejor trabajo.

Los chicos del Fury

Con estos presupuestos, la película iba de camino a ser, además del mejor filme de su director y guionista, un clásico instantáneo, pero Hollywood tiene sus inconvenientes y la entrada en danza de una estrella como Brad Pitt, con más presencia que carisma, que además de cabeza de cartel, ejerce como productor ejecutivo, a punto ha estado de pifiarla. Así, las enmiendas de guión a su mayor gloria y protagonismo, privan en muchos momentos de la coherencia que necesitaba el filme (sobre todo en sus postrimerías), además de obsequiarnos con instantes irrisorios, como la escena del afeitado, más propia de una teleserie ibérica protagonizada por Mario Casas. De lo del club de la lucha en medio del rodaje, no hablaremos.

Momento descamisado

No obstante con todo, “Corazones de acero” resiste, como el Fury, y es poderosa, dantesca su descripción del infierno de la guerra en sus últimos estertores, y está filmada y montada con garra en lo tocante a escenas de acción, resueltas con un vigor y tensión envidiables. Agradezco además la decisión de describir la crueldad sin concesiones, como crimen impune de ambos bandos. Los actores, por último, están ajustadísimos, pese que, en ocasiones transitan por lugares comunes, particularmente Shia LaBeouf y Logan Lerman, de los que ojalá el marido de Angelina haya tomado buenos apuntes.

by @magnumcallahan

NOTA:8/10

TÍTULO ORIGINAL: Fury

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